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Los Tomasini

Frente a mi casa viven los Tomasini. Papá Tomsini, mamá Tomasini y la hija Tomasini.

Papa Tomasini es gor

do, pelado y tiene una verruga cerca del labio que se mueve cada vez que habla. Tiene el ceño fruncido todo el tiempo, aunque ría, aunque esté callado.

Mamá Tomasini e hija se visten igual, caminan igual, hablan igual. Ambas son flacas y altas. Usan el


cabello corto y visten polleras largas con tablas estampadas de flores amarronadas. Ante cualquier comentario repiten al unísono: es lo principal.

- Como anda María?

- Bien bien trabajando bastante.

- Es lo principal…

- Se van a algún lado este verano?

- Si nos tomamos unas vacaciones cortas en Mar del Plata

- Es lo principal…

- El otro día lo vimos a Pedro

- Si, vino de visita

- Es lo principal…

Viven en una casa bajita de ladrillos a la vista. En el interior hay un pequeño living comedor con una ventana que da a la calle. Casi nunca se prende la luz, pero el televisor está siempre encendido. Arriba de la mesa del comedor hay una muñeca negra que tiene un vestido blanco de puntillas. Todo es beige en la casa Tomasini. Azulejos beige, baldosas beige, cortinas beige. Los azulejos de la cocina tienen unas flores marrones que hacen juego con la madera de algunos


muebles. La mesa es de puntas redondeadas y tiene una


tapa de formica beige con los bordes levantados por la humedad.


Según sus padres, la hija Tomasini tiene un pequeño retraso madurativo, pero yo tengo 5 años y no lo noto. Me gusta cada tanto ir a visitarlos y jugar un rato. Mi mayor entretenimiento es durante los veranos porque los Tomasini se sientan en a la puerta de la casa y yo me acerco para hacer mi show en la vereda. El espectáculo que presento consiste en cantar y bailar canciones de Pablito Ruiz, Las primas y Flavia palmiero.

Los tomasini son mi mejor público, tengo aplausos asegurados toda la temporada. La hija Tomasini


tararea algunas de las canciones pero no se sabe todas las letras, cada tanto dice alguna palabra para intentar seguirme. Cuando termino algún tema siempre me pide otra vuelta. A veces mi mamá no me deja ir. Dice que molesto y que armo griterío en el barrio. Pero yo creo que soy uno de sus mayores entretenimientos y que mi espectáculo es de calidad.



A la hija Tomasini no la dejan hacer muchas cosas. No la dejan trabajar, ni tomarse el colectivo sola. Sus únicas obligaciones consisten en limpiar la casa y ocuparse de los mandados. Esta última es una tarea en la que se desenvuelve muy bien, además es muy sociable y siempre tiene algún tema de conversación. Admiro la capacidad para sociabilizar de la hija Tomasini. Parece ser atenta y estar presente a las necesidades de las personas. Sus ojos demuestran interés por la vida de los demás.

Una vez en la escuela me dieron una tarea que consistía en preguntarle a los vecinos de mi barrio que opinión tenían sobre Perón. Mi mamá me dijo que le preguntara a papá Tomasini. Me dijo que el sabía mucho de política y que siempre había formado parte de sindicatos.

La tarea era para la materia historia, y yo me la tomé muy en serio. En esa época quería ser periodista y mi tío me había regalado un grabador Casio que tenía un pequeño micrófono sobre el borde. Los cassettes eran muy chiquitos y no se conseguían fácilmente. Mi tío me había reglado un paquete de dos unidades junto con un par de pilas.

Papá Tomasini estaba muy contento por la entrevista, creo que se sintió algo importante. Yo estaba contenta porque me di cuenta que el tema le gustaba y que tenía mucho para contar. A mi mama si bien en un principio le gustó la idea, cuando estábamos haciéndola se la podía notar incómoda. Creo que le molestaban dos cosas: Primero que estábamos haciendo la entrevista en la calle y eso ya le deba vergüenza y segundo no le gustaba que se hable de política y menos con conocidos. No la culpo, mi mamá, como tantas otras madres de su generación fue criada con el miedo a opinar, con el miedo a tomar partido por las cosas. A papá Tomasini no parecía importarle mucho lo que pensaban los demás. A él le gustaba decir sus verdades. Y lo que más le gustaba era que nadie, durante esa entrevista, se las iba a refutar.

Hasta el día de hoy no sé si era o no peronista. Creo que se inclinaba más por el radicalismo. Los que si era indudable era que Perón le despertaba algún tipo de pasión, como a todo el mundo.


Unos años más tarde quise volver a escuchar ese casete donde había grabado la entrevista pero la cinta ya estaba vieja y no servía. Era uno de los pocos registros en donde guardaba no solo la voz de Tomasini, sino también la de mi mamá, que un momento de la entrevista me dijo que ya era suficiente, que no lo molestáramos más.

Los Tomasini tenían un olor particular. Mi papá decía que tenían olor a frasco de aceituna vencido. Debo reconocer que mi papa tiene una agudeza particular para los olores y no es muy sutil con las metáforas. Necesita bañarse unas 2 o tres veces al dia y se perfuma antes de irse a dormir. El decía que olor de los tomasini se olía desde una cuadra. Yo me reía de su exageración, pero a decir verdad algo de razón tenía.

Cuando fui creciendo ya no me animé a hacer mi show frente a los Tomasini, de hecho traté siempre de evitarlos. Por lo general los saludaba y seguía de largo.


Después de un tiempo les perdí el rostro. Me mudé y visitaba poco el barrio.

Mamá y papá Tomasini estaban muy viejos, y la hija Tomasini fue la encargada de cuidarlos. Ya no salían a la vereda a tomar mate y tener charlas con los vecinos. La hija tomasini empezó a tener más responsabilidades y tareas. Hasta consiguió hacer algunas changas limpiando casas en el barrio.

Hace unos años papá y mamá Tomasini murieron. Murieron de viejos y tranquilos. Cuidados por su única hija.

Al poco tiempo la hija Tomasini alquiló la casa y se mudó a un pequeño departamentito de Parque Patricios. Escuche por ahí que trabaja, que anda de novia, y en breve se va a casar.

Hace unos días la vi paseando por Boedo, el barrio donde yo vivo. Vestía pollera de jean, antejos de sol y una camisa blanca suelta. Ya no usaba polleras tabladas con flores color marrón. Caminaba ligera, pero no apurada. Seguía sonriendo y no había perdido la costumbre de conversar. Me vió y me reconoció.

Le conté que vivía sola y trabajaba de lo que me gustaba.

Se alegró por mí y me miró con la misma sonrisa alentadora de siempre.


Nos dimos un abrazo y se despidió diciendo. Es lo principal.



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